Somos un grupo al que le gustan las tradiciones; pero, por desgracia, nuestra preferida solo sucede en verano.
Todos los años, cuando terminan los exámenes de julio y conseguimos reunir dinero suficiente, hacemos la maleta y desaparecemos unos días del mapa. ¿Nuestro escondite? Alberguería de Argañán, un pueblecito ganadero de la provincia de Salamanca situado a tan solo dos kiómetros de la frontera con Portugal.
Cuando tenía siete años mis padres compraron en Alberguería una antiquísima casa señorial dispuestos a restaurarla; pero lo cierto es que, a día de hoy, todavía quedan cables sueltos y techos sin pintar.
Ellos jamás lo admitirán pero la obra se nos fue de las manos.
Tiramos paredes, techos y muros de carga, que levantamos de nuevo para asegurar los cimientos. Construimos un segundo piso y unimos la "casa de los señores" con las habitaciones de los criados. Restauramos los muebles y herramientas de campo que quedaron en la casa y saneamos las tuberías y la red de electricidad.
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